Historiales Clínicos - A proposito de un caso de neurosis obsesiva ("El hombre de las ratas")
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Historiales Clínicos - A proposito de un caso de neurosis obsesiva ("El hombre de las ratas")



Historial Clínico

Se presenta un joven universitario que acude a Freud diciendo que tiene representaciones obsesivas desde sus cuatro años, y que en este ultimo tiempo se le han vuelto notoriamente intensas. Estas representaciones son en relación a que le suceda algo malo a dos de las personas a quien el ama su padre y su amada. Además de esto, manifiesta sentir impulsos obsesivos (por ejemplo cortarse el cuello con una navaja), y producirse todo el tiempo prohibiciones producir prohibiciones con todo tipo de cosas.
También en el comienzo describe aspectos en relación a su vida sexual, manifestando que su primer coito fue tardíamente, a la edad de los 26 años.

A. La introducción del tratamiento
Como es de esperarse en la introducción de un tratamiento analítico, Freud invita al paciente a que le comunique todo lo que se le ocurra, es así como el sujeto, relata que tenía un amigo a quien  el respetaba mucho y al cual cada vez que tenia un impulso lo iba a ver y le preguntaba si él no era un criminal para ver si por ello no lo desprecia, y su amigo le decía que el era una buena persona, una persona intachable...
Así se puede observar que al momento en que Freud le dice que debe decir todo, el sujeto hace una asociación con su amigo y Freud…vemos aquí el dispositivo de la transferencia puesto en juego…

B. La sexualidad infantil
Inmediatamente después del relato sobre su amigo le comenta a Freud una escena ocurrida cuando tenia 4 o 5 años donde se le acerca a una bella y joven empleada y le pide permiso para pasar por debajo de su falda, y en donde esta accede a l pedido poniéndole solo como condición que el no cuente nada, así el accede y le toca los genitales y el vientre. Recuerda así que desde ese entonces siente curiosidad y deseos intensos por ver mujeres desnudas, pero que frente a ese impulso, a ese deseo, también aparece el sentimiento siniestro que lo atormenta el castigo de que por pensar esas cosas algo malo le iba a suceder a su padre, por eso debia impedirse pensar y desear eso.
En este punto me entero, para mi sorpresa, de que el padre del sujeto al que todavía hoy se refieren los temores obsesivos que le atormentan, ha muerto hace ya varios años.
Recuerda también que a los 6 años espiaba a la señorita Lina cuando se desnudaba, y que tiempo después había escuchado de dicha señorita un comentario hecho delante de otras personas donde lo menospreciaba en relación con su sexualidad. Tambien remarca el hecho de que a temprana edad ya tenía erecciones y que acudió a su madre para quejarse. Con esto surge en el la idea enfermiza que sus padres sabrían sus pensamientos, cosa explicable por habérselos declarado sin oírlos él mismo. En esto P ve el comienzo de su enfermedad.
Las palabras «Revelo en voz alta mis pensamientos sin darme cuenta» suenan como una proyección al exterior de nuestra propia hipótesis de que el sujeto entraña pensamientos de los que nada sabe; esto es, como una percepción endopsíquica de lo reprimido.
Se encuentra el niño bajo el imperio de un componente pulsional sexual, el placer de ver, cuyo resultado es el deseo, que aflora siempre de nuevo y con mayor intensidad cada vez, de vez desnudas a personas del sexo femenino que le gustan. Este deseo corresponde a la posterior idea obsesiva. Este deseo es acompañado de un afecto penoso. Toda vez que piensa algo así, es forzado a temer que suceda algo terrible, por ejemplo: “si tengo el deseo de ver desnuda a una mujer, mi padre tiene que morir”. Es una pulsión erótica y una sublevación contra ella, un deseo y un temor que lo contraría, un afecto penoso y un esfuerzo hacia acciones de defensa.
Así, quedan configurados todos los elementos de la neurosis:
  1. una pulsión erótica y una sublevación contra ella;
  2. un deseo, aún no obsesivo (porque el yo aun no se ha puesto en pleno en contradicción con el, y un temor, ya obsesivo, que lo contraría;
  3. un afecto penoso y acciones defensivas contra él.
  4. una formación delirante: que sus padres sabrían sus pensamientos por haberlos declarado él mismo sin oírlos. Esto revela la existencia de procesos inconcientes: 'digo mis pensamientos sin oírlos' suena como una proyección hacia afuera de nuestro propio supuesto, a saber, que él tiene unos pensamientos sin saber nada de ellos, como una percepción endopsíquica de lo reprimido.
Es importante saber que antes del sexo año de vida hubieron vivencias traumáticas, conflictos y represiones que cayeron bajo amnesia, pero dejaron como residuos ese temor obsesivo…

B. El gran temor obsesivo
En la tercer sesión sale a luz la experiencia que lo llevó a consultar, la misma había ocurrido durante las maniobras militares en X, en las que durante  las maniobras perdió sus anteojos.
Ahí mismo conoce a Un capitán, le cuenta un castigo  que se hace en Oriente donde sobre el trasero de la persona se penetran ratas 'por el ano'. y le comenta que mientras escuchaba el relato surgió en el un miedo terrible de que ese castigo lo sufrieran su padre y su amada… Durante el relato de la escena Freud nota en el hombre una expresión de horror y a la vez fascinación…que el traducirá como el “goce anal”, ignorado por él mismo.
Al día siguiente es el mismo capitán que le comento el relato quien se le acerca con un paquete  del correo y le dice que el teniente A había pagado el reembolso por los lentes y que debía devolvérselos.( las palabras del capitán fueron para el, una ilusiona la deuda impaga del padre) En ese instante se le impuso una idea: “No devolver el dinero, de lo contrario sucede aquello” (es decir, la fantasía de las ratas se realiza en el padre y la amada). Esta sanción enseguida se elevó en un mandamiento a modo de juramento: “Tu debes  devolverle al teniente primero A las 3,80 coronas.”
Frente a esto, El paciente intento varias veces devolver el dinero implementando toda una serie de tortuosas acciones destinadas a devolverlo a pesar de todo, El sujeto realizó continuos esfuerzos para devolver al teniente A. la pequeña cantidad adeudada, contra lo cual surgieron una y otra vez dificultades de naturaleza aparentemente objetiva. Al principio intentó realizar el pago por conducto de otro oficial que iba a Correos; pero se alegró mucho cuando él mismo le devolvió el dinero, alegando no haber encontrado al teniente A., en las oficinas postales, pues aquel modo de cumplir su juramento no le satisfacía por no corresponder a la forma liberal del mismo: «Tienes que devolver las 3,80 coronas al teniente A.» Por fin encontró a este último; pero el oficial se negó a aceptar el dinero, diciendo que él no había pagado nada por su cuenta, ni siquiera estaba encargado del correo, función que correspondía al teniente B. El sujeto quedó un tanto perplejo viendo la imposibilidad de cumplir su juramento, por ser errónea una de sus premisas, e imaginó toda una serie de complicados expedientes: lría a Correos con los tenientes A. y B., y el primero daría a la encargada del servicio de paquetes postales 3,80 coronas, que la empleada entregaría a B., y entonces ya podría él cumplir al pie de la letra su juramento dando las 3,80 coronas a A. es decir, descubre Freud que quien había pagado el reembolso de los quevedos era una  empleada del correo, y que en efecto P lo había sabido antes del reclamo del capitán y de su propio juramento, pues luego recordó que antes del encuentro otro capitán le comunicó la verdadera situación.

En esta sesion explicó también que desde un principio, y ya en los primitivos temores de que les ocurriese algo a las personas de su particular afecto, había situado tales castigos no sólo en lo temporal, sino también en la eternidad, Hasta los catorce o los quince años había sido muy religioso, evolucionando desde entonces hacia su actual incredulidad.

C. La introducción en el entendimiento de la cura
En la cuarta sesión recibe Freud a P con la pregunta: “¿cómo proseguirá hoy usted?”. Le dice que va a  comunicarle algo que lo martiriza y le Relata la historia de la enfermedad de  su padre quien había muerto hacía 9 años de enfisema.
Él  cuidaba durante ese transcurso a su padre, pero en un momento que se descuido salio a descansar a su cama y cuando regreso su padre había muerto… Al principio el reproche no era martirizante, pues el sujeto no aceptó en mucho tiempo como un hecho real la muerte de su padre, y También en su fantasía continuaba vivo su padre, pero tiempo después al cabo de la muerte de una tía y la visita a la casa mortuoria, el recuerdo de su omisión empezó a martirizarlo, La primera consecuencia de este acceso fue una grave incapacidad para el trabajo, se intensifican enormemente los reproches de no haber estado presente cuando su padre murió, por lo que se siente un criminal. Este sentimiento puede parecer desmedido en relación con la situación, pero hay que entender que se ha producido un falso enlace a partir de una representación original, que es la que hay que averiguar. Por lo demás, también espera encontrar a su padre en diferentes sitios, cosa que forma parte del normal trabajo de duelo. Aquí Freud explica Cuando existe una disparidad entre el contenido ideológico y el afecto, o sea entre la magnitud del reproche y su causa, EI contenido ideológico conocido ha pasado a ocupar tal lugar por una asociación errónea. Pero no estamos acostumbrados a sentir en nosotros afectos intensos sin contenido ideológico, y, por tanto, cuando tal contenido nos falta, echamos mano de otro cualquiera, el sujeto no podía dar la razón a su reproche de haber delinquido contra su padre si sabía perfectamente que jamás se había hecho reo de nada contra él.
En la sesión siguiente P mostró gran interés por las explicaciones de Freud y le surge la duda de cómo puede tener efecto curativota conciencia de la culpa, Freud le indica que el efecto curativo pasa por descubrir el contenido ignorado al cual pertenece el reproche y la culpa, es decir, por unir conciente e inconciente .El paciente  relaciona la conciencia con la persona ética y lo inconciente con el mal…e intuye acertadamente el vínculo de lo inconciente con lo infantil. Freud le confirma esto diciendo que lo inconciente es aquella  parte de la persona que una vez reprimió (suplantó) y no acompañó su ulterior desarrollo.
En la sesión siguiente relata un relata otro hecho de su infancia a los doce años, el amaba a la hermanita de una amigo pero ella no era con el lo que el esperase que fuera entonces es cuando se le ocurre la idea de que una niña conocida le demostraría amor si a él le ocurría una desgracia: la muerte de su padres se asombra de esto ya que eso para el era mas bien un temor y no un deseo. Su padre para el era el hombre mas amado… Freud le dice que su intenso amor al padre es la contrapartida del odio reprimido hacia él: conciente e inconciente son opuestos. Es el mismo amor que impide al odio mantenerse conciente. El deseo de eliminar al padre como perturbador es muy antiguo, y anterior al sexto año, que es cuando se instala el recuerdo en forma continuada.
En la séptima sesión, recoge el sujeto nuevamente el mismo tema. No podía creer haber abrigado jamás aquel deseo hostil al padre. Recordaba una novela de Sudermann que le había impresionado profundamente, en la cual una joven que velaba a su hermana enferma sentía de pronto el deseo de que muriera para poderse casar ella con su cuñado, y luego, muerta realmente su hermana, se suicidaba, convencida de que después de haber abrigado, aunque sólo fuera por breves instantes, tan innoble deseo, no merecía seguir viviendo.
Refiere a continuación hablar de un acto delictivo en el que no se reconoce, pero que recuerda con toda claridad:fue cuando disparó contra su hermano, de quien tenía muchos celos por ser el preferido. Freud arguye que es probable que haya ocurrido lo mismo mucho antes con su padre, pero no lo recuerda. Lo que sí recuerda son fantasías de venganza contra una dama que no le correspondía. En todas estas fantasías también aparece el rasgo de la cobardía, que a él le parece horroroso: la venganza y la cobardía son mociones infantiles, surgidas antes de la aparición de una responsabilidad ética.
P dice que la enfermedad se acrecentó luego de la muerte de su padre: el duelo por él es la principal fuente de la intensidad de la enfermedad, y halló en esta su expresión patológica (un duelo normal no tiene, como aquí, duración ilimitada).
Hasta aquí queda relatada la parte expositiva del tratamiento, que abarcó unos once meses.

E. Algunas representaciones obsesivas y su traducción
Las representaciones obsesivas aparecen inmotivadas o bien sin sentido, y la primera labor que se plantean es la de darles un sentido y un lugar en la vida anímica del individuo, de modo que resulten comprensibles e incluso evidentes. y para aclararlas debemos hacer una traducción de ellas. a esta solución sólo se Ilega una vez que se logra relacionar cronológicamente las ideas obsesivas con la vida del paciente; esto es, investigando cuándo surgió por vez primera cada una de ellas y en qué circunstancias externas suele repetirse. De este modo se hace en el acto accesible a nuestra penetración todo lo enigmático e interesante que el producto patológico analizado entraña, o sea su significación, el mecanismo de su génesis y su procedencia
de las fuerzas instintivas psíquicas dominantes.

- El impulso suicida del paciente, el cual perdió semanas en el estudio a causa de la ausencia de la dama que había partido de viaje a cuidar a su abuela que estaba enferma. Frente a esto se le ocurrió el mandato de cortarse el cuello con una navaja de afeitar, luego cambio de parecer y surgió el mandamiento de viajar hasta donde estaba su dama y matar a la anciana, y seguido a este el mandamiento que le surge es el de mátate a ti mismo como autocastigo por semejantes concupiscencias de furia y de muerte…
- La idea obsesiva de adelgazar, que le vino durante las vacaciones, donde comienza a hacer sosas peligrosas que podían ocasionarle la muerte, para cumplir con su objetivo
Ambas ideas suicidas surgen como reacción frente a la ira contra una persona que resulta perturbadora en el amor, ya que al paciente se le había ocurrido que su amada se podia encontrar en ese lugar de vacaciones con su primo de quien estaba muy celoso.
- Una vez que navegaba con ella en un barco, bajo un viento violento, hubo de obligarla a ponerse su gorra, pues había surgido en él el mandamiento de que no debía sucederle nada a ella. Era ésta una especie de obsesión protectora, que produjo distintos actos. 
- Otra vez, durante una tormenta, se le impuso la obsesión de llegar a contar hasta 40 ó 50 entre el relámpago y el trueno, sin saber en absoluto por qué había de hacerlo. El día en que su amada se marchó, el sujeto tropezó en una piedra de la calle y tuvo que apartarla a un lado porque se le ocurrió que, al cabo de pocas
horas, pasaría por allí el coche de su amada y podía tropezar y volcar en aquellas piedras. Pero minutos después pensó que todo aquello era un disparate, y tuvo que volver y colocar de nuevo la piedra en el lugar que antes ocupaba en medio de la calle.
- Después de la partida de su amada se apoderó de él una obsesión de comprensión, que le hizo insoportable a los suyos, pues se obligaba a comprender exactamente cada una de las sílabas pronunciadas por los que a él se dirigían, como si de otro modo se le escapara un gran tesoro. En consecuencia, preguntaba y una y otra vez: «¿Qué has dicho?» Y cuando se lo repetían pretendía que la primera vez habían dicho otra cosa y permanecía insatisfecho.
Todos estos productos de la enfermedad dependen de un suceso que dominaba por entonces sus relaciones con su amada

F. El ocasionamiento de la enfermedad
En la neurosis obsesiva, las ocasiones recientes de la enfermedad se encuentran conservadas en la memoria. La represión ha utilizado aquí un mecanismo diferente y, en realidad, más sencillo. En lugar de olvidar el trauma, le ha despojado de su carga de afecto, de manera que en la consciencia queda tan sólo un contenido ideológico indiferente y juzgado insignificante.
Así, el neurótico obsesivo tiene noticia de su trauma pues no lo olvidó, pero no tiene noticia porque no discierne el significado de lo recordado.
En su familia existía un plan, el cual había sido la causa de la enfermedad del paciente … la madre de P había sido criada en una familia de mucho dinero, dueños de una gran empresa industrial, su padre al casarse con su madre entro a trabajar a esa empresa y obtuvo por el pacto matrimonial una mejor situación económica… pero por  “chistes” que solían hacerse sus padres P supo que antes de conocer a  su madre, su papa habia estado enamorado de una muchacha pobre y linda , de familia modesta.
Luego de la muerte de su padre  a P le comunican que le habrían arreglado un matrimonio entre sus familiares y le entregarían a una chica de muy a buena posición cuando este terminara sus estudios y así se le abrirían extraordinarias posibilidades.
Este es así el plan que desencadena el conflicto en P de que si debía mantenerse fiel a su amada pobre o seguir las huellas de su padre y casarse con la chica de dinero… A este conflicto entre el amor y el efecto de la voluntad del padre P lo soluciona “enfermando”…así se evita la tarea de solucionarlo en la realidad…
En esta sesiona le manifiesta a Freud un sueño que había tenido…
En las escaleras de la casa de Freud, P se había topado con una chica que pensó seria la hija de Freud…r imagino que el buen trato que Freud tenia para con el se debía a que este lo quería como yerno…a raíz de esto P soñó con la chica (hija de Freud) en las escaleras pero en lugar de ojos tenia dos emplasto de excremento. A lo que Freud interpreto de este sueño:Se casa con mi hija no por sus lindos ojos sino por su dinero.

G. El complejo paterno y la solución de la idea de las ratas
Del ocasionamiento de la enfermedad mencionado en sus años maduros, un hilo nos conducía hasta la niñez de P. El padre del sujeto había sido un hombre excelente.
Antes de casarse había pertenecido al ejército en calidad de suboficial y la vida militar había dejado en él como residuos una cierta dureza de expresión y un gran amor a la verdad. A más de aquellas virtudes que habitualmente atribuyen los epitafios a todos los fallecidos, entrañaba un excelente humor, cordialísimo, y una afable bondad para con todos sus semejantes. Este carácter no queda ciertamente, contradicho, sino más bien completado, por el hecho de que solía ser violento y fácilmente irritable, circunstancia
que valió a sus hijos, mientras fueron pequeños y traviesos, sensibles correctivos.
Lo que se interponía entre padre e hijo era algo del orden de la sexualidad: el padre había entrado en oposición con el temprano erotismo del hijo, . Sus ideas obsesivas infantiles se ven cuando Años después de la muerte del padre, cuando conoció por vez primera el placer del coito, surgió en él la idea de que aquel goce era algo tan extraordinario, que merecía la pena de asesinar a su padre para conseguirlo.
Poco tiempo antes de su muerte, el padre había tomado ya una actitud opuesta a la inclinación que más tarde hubo de dominar a su hijo. Observó que buscaba la compañía de aquella señora, y le aconsejó que se alejase de ella, diciéndole que de otro modo sólo conseguiría ponerse en ridículo.
Un dato a destacar es que el paciente no desarrollo ningún onanismo en la pubertad, sino que esto apareció en el recién a lo 21 años, después de la muerte de su padre , ya que de niño su padre le dio una reprimenda por realizar esta conducta, poniéndole fin al onanismo en P y fijando así al padre como perturbador del goce sexual.
Poco a poco el paciente comprendía que se había instalado desde una época muy temprana una ira contra su padre amado, devenida luego latente. Transferencialmente se comportaba con Freud como lo había hecho con su padre: lo insultaba, lo apreciaba, temía que le pegara etc.
Quedó así el camino abierto para comprender la representación de las ratas. Recordemos que P había reaccionado violentamente a dos dichos del capitán checo: la tortura de las ratas, y su reclamación de devolver el dinero a A: algún contenido inconciente habrá sido tocado.
P se había identificado con su padre, también militar. Las palabras del capitán 'Debes devolver el dinero al teniente A' le sonaron como una alusión a una deuda que una vez contrajo su padre, y que había quedado impaga. El padre había pedido dinero pues lo perdió jugando a las cartas ('spielratte' es jugador empedernido o rata de juego).
En cuanto a la representación del castigo con las ratas, ésta despertó el erotismo anal del paciente, que en su infancia había desarrollado importare papel. Las ratas equivalían para P a gusanos, a penes y a hijos. La relación rata=pene lleva a que el castigo era una representación del coito anal, y la relación rata=hijo lleva a pensar que la rata era una representación de sí mismo pues él, como las ratas, había mordido a alguien y era perseguido y castigado por ello. P sintió, cuando el capitán contó el castigo, que este era su padre que lo amenazaba con el mismo. También hay una relación con la dama con quien iría a casarse (heiraten) y con quien no podía tener hijos pues había sido operada de los ovarios.





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